Infidelidad conyugal ¿Es posible el perdón?
Publicado en 27 Abril 2010
QUISIERA COMPARTIR ESTE BUEN REPORTAJE SOBRE LA INFIDELIDAD EN EL MATRIMONIO, ESTA ESCRITO POR UNA PERIODISTA CHILENA Y EL TEMA NO TIENE NADA DE CRISTIANO NI SE HABLA DE LA BIBLIA, PERO PODEMOS SACAR VARIAS LECCIONES, SI ME PREGUNTAS A MI SOBRE ESTE TEMA, SERE TAJANTE, ¿ES POSIBLE EL PERDON? SI, CLARO QUE PODEMOS Y DEBEMOS PERDONAR, TODO ES PERDONABLE, PERO, ESTO NO NECESARIAMENTE DARA COMO RESULTADO SEGUIR VIVIENDO CON LA PERSONA, CON MI ESPOSA TENEMOS SUPER CLARO ALGO, QUE EL DIA EN QUE ALGUNO ENGAÑARA AL OTRO (ACTO QUE CON LA AYUDA DE DIOS NUNCA PASARA), SE ACABA EL MATRIMONIO, ASI DE SIMPLE, CREO QUE CUANDO PASA UN HECHO DE ESTA NATURALEZA SIMPLEMENTE INDICA QUE NO HAY GANAS DE AMAR, NI HAY RESPETO, NI HAY CONFIANZA, YA NO HAY NADA, ENTONCES ¿VALDRA LA PENA SEGUIR VIVIENDO CON ALGUIEN QUE HA TRAICIONADO LO MAS LINDO? MAS QUE EL ACTO SEXUAL, QUE YA ES UN PECADO GRAVE, EL HECHO DE SENTIRSE ENGAÑADO, DEFRAUDADO, ESO ES LO PEOR Y SOLO QUIERO GRAFICARLO ASI, SI TU CLAVAS UN CLAVO EN LA MADERA, PUEDES SACAR EL CLAVO , PERO LA MARCA (HERIDA) SEGUIRA AHI, SOLO ESO...
POR NADA DEL MUNDO ENGAÑES A TU ESPOSA O ESPOSO Y SI LO HACES TARDE O TEMPRANO TE ARREPENTIRAS...
TE LO DICE CONTRALOBOS
Infidelidad conyugal
Si los infieles supieran lo difícil que les será recomponer su relación después de un desliz, quizá lo pensarían más antes de caer en él. El perdón es un camino largo, que implica coraje y humildad, tanto del hechor como del engañado. Algo especialmente difícil para los hombres, que sienten cuestionada su ?hombría?. Las mujeres superan más los engaños, aunque no olvidan.
por: Francia Fernández
Lucía y Juan llevaban un año de casados y tenían una hija de pocos meses. Lucía perdió a su madre. El dolor la absorbió. Cada vez que le hablaba a su marido al respecto, él le decía que tenía que mirar para adelante. Eso le provocó rabia. Se sentía sola y sin apoyo, y dejó de lado su relación.
En el trabajo, un compañero de Lucía la hacía sentir escuchada. Pasaron siete meses en que ella y Juan no tuvieron relaciones sexuales. Un día la llamaron para contarle que él la había ‘gorreado’ con una colega. Cuando Juan llegó a casa, Lucía lo increpó y él reconoció que había tenido una affaire, de un solo día, con otra mujer. Se separaron. Él se fue a trabajar a otra ciudad. Lucía se quedó donde vivían, con su guagua, y con pena y vergüenza porque la infidelidad se hizo pública.
Pasaron los meses. Lucía se involucró cada vez más con su compañero de trabajo, tuvo un romance de tres meses con él y se lo contó a Juan.
Al tiempo, tanto Lucía como Juan repasaron lo ocurrido. Ella entendió que la infidelidad de él no era ciento por ciento su culpa, sino de los dos. Y él, por otro lado, comprendió que su mujer podía dejar de amarlo y enamorarse de otra persona. Finalmente, Juan dejó su trabajo. Y ambos decidieron comenzar una vida nueva en otro lugar. “El perdón fue clave, porque sin perdón del alma ni del corazón, no habría funcionado”, dice Lucía, ahora que han pasado 12 años, y ella y Juan tienen una unión consolidada.
¿Es realmente posible perdonar una infidelidad? Sí, dice la sicóloga y académica de la Universidad Diego Portales Eliana Heresi. “Teóricamente es posible, pero es un proceso largo y duro, en que hay que trabajar muchos aspectos de la pareja. Y en la mayoría de los casos, no se logra, porque es algo que queda encapsulado y emerge en las discusiones, a raíz de otros temas”. Según sus registros, 8 a 9 casos de cada 10 fallan en el camino.
El sicólogo clínico Patricio Venegas es más rotundo. “No he visto perdón por infidelidad en 23 años de consulta. No existe el borrón y cuenta nueva. Es un tema que vuelve a aparecer a los dos o tres meses”. Por eso, él prefiere hablar de ‘superación’. De ese modo, “el ser humano tiene que entender lo que pasó; y el perdón no implica eso, está más ligado con la religión, que ordena cosas porque sí”. Con sus pacientes, Venegas opta por esta mirada que, según calcula, resulta exitosa en el 80% de los casos. “Esto es como perder una pierna. Se aprende a vivir sin ella, pero se echa en falta siempre. Con una terapia se va asumiendo que lo que ocurrió afectó gravemente la confianza, el cariño”, explica.
Mujeres versus hombres
Se estima que en Chile más de un 50 % de las parejas es infiel, si bien son más sabidos los casos de los hombres (sobre un 70% reconoce haber mantenido alguna relación extramarital), a quienes también les cuesta más tomar conciencia de sus actos. “Tiene que ver con ciertas justificaciones como: ‘me dejaste abandonado porque estabas amamantando, me sentí excluido, no teníamos vida sexual’”, dicen los expertos. La mujer no acepta esa actitud, no justifica la traición y falta de compromiso, aunque, según Venegas, entiende la infidelidad en mayor grado que el hombre.
Una afirmación que, por lo visto, avalan las estadísticas. De acuerdo con un reciente estudio del sitio www.solomujer.cl, el 57% de las chilenas evaluaría perdonar un engaño: un 10% estaría dispuesta a perdonar de frentón, un 47% lo haría dependiendo del caso (soportan más una aventura sexual que emocional) y el 43% restante, jamás. “La mujer supera más fácilmente la infidelidad. El hombre no la supera jamás.
Hay un tema machista. La mujer que es infiel es prostituta; el hombre, hombre nomás”, sostiene Venegas. Heresi coincide con él. “Los hombres no perdonan. Es muy difícil que un tipo acepte una infidelidad y siga en una relación, porque está en cuestionamiento su hombría. No existe la mujer cornuda. De nuevo hay una cuestión socialcultural. La mujer padece la infidelidad. En cambio cuando a un hombre lo ‘gorrean’, implica que la mujer no está contenta. O sea, que él no la satisface, no es tan hombre”.
Machos infieles
Existen factores individuales en la dificultad de ser fiel. Por ejemplo, alguien que tiene miedo al compromiso o a la intimidad. Porque para ser fiel hay que tener capacidad de comprometerse con otra persona, pese a la oferta del mercado. Hay un compromiso de exclusividad.
Otra causa tiene que ver con las creencias. Las personas más abiertas a las relaciones paralelas pueden comprender que su pareja se sienta atraída hacia un tercero, mientras que para otros, esa idea es tan insoportable que se separan. También es algo que tiene que ver con las historias de vida. Por ejemplo, si alguien ha sido víctima de abuso y, en resumen, posee una identidad más frágil, a eso se le suma la infidelidad. O sea, desamor.
En casos más extremos, como los swingers, que están tan de moda, no ven transgresión en su vínculo, a menos que haya un lazo emocional.
También existen ciertos estereotipos sociales y culturales que justifican la infidelidad y hacen que los infieles se sientan falsamente ’honrados’. Ideas machistas como ‘los hombres necesitan’. Y hay otro punto: el hombre disocia su sexualidad, es decir, puede mantener relaciones sexuales sin involucrarse a otro nivel, mientras que, en el caso de la mujer, es más grave porque se cree que su relación también involucra las emociones (algo que a lo largo del siglo XXI tendería a cambiar, ya que las nuevas generaciones femeninas poseen una visión sexual más abierta).
Las diferencias de género igualmente varían a la hora de reconocer errores. “En los hombres difícilmente se aprecia arrepentimiento”, según Heresi. “El 50% ofrece disculpas, el otro 50 no lo hace nunca. Son machos: reconocen pero no ofrecen disculpas”, agrega Venegas.
No es el caso de Pablo, quien luego de engañar a su ahora ex mujer (Jimena) con una amiga en común, entendió que había roto una regla ‘superimportante’, que su señora estaba muy herida y que él merecía las consecuencias de su acción. O sea, la ruptura.
Ocurrió así. En el sexto año de matrimonio, Pablo se sentía insatisfecho porque Jimena lo rehuía en la cama y tenían poco sexo, a pesar de que se querían. Un día se involucró con aquella otra mujer. Estuvieron dos meses y medio juntos, sobre todo por pasión sexual, aunque también disfrutaban mutuamente en otros planos.
La historia se destapó porque Jimena leyó un diario de vida en que él anotaba todo. “Aunque en el momento mismo no lo sentí así, después entendí que fui infiel y dejé que me descubriera, porque estaba realmente molesto con ella”. Para entonces, la ‘aventura’ ya había terminado. Y ardió Troya. La entonces mujer de Pablo lo echó de la casa. Algo que él aceptó sin discutir.
Estuvieron 13 meses separados. Cuando volvieron, él se reenamoró de ella y sintió que su perdón era real. “Lo sentí y lo viví así. Y hasta hoy es algo que le reconozco y agradezco”, afirma Pablo, quien finalmente se separó de su pareja cuatro años después, pero por otros motivos.
“Yo lo viví como si la vida me diera una segunda oportunidad y la aproveché (no volví a serle infiel). Fue un borrón y cuenta nueva de verdad. Nunca fue un tema. Una sola vez, muy al final, me lo reprochó, cuando me contó que en un viaje ella se había sentido atraída por un tipo y, a la inversa mía, no había seguido sus deseos”.
‘Gusanos’, resistencia y voluntad
Hay infidelidades que duelen más que otras. No es lo mismo una ‘cana al aire’, sobre todo si el otro no se compromete emocionalmente y es el que lo cuenta (“me emborraché; estaba triste”), o lo reconoce de inmediato (como en el caso de Juan y Lucía), en que huboun lazo de mayor duración, con ocultamiento y engaño mediante. “Tiene que ver con una desilusión y con un daño a la autoestima. Existe un tercero. Y se ve al otro como alguien capaz de mentir y engañar (del tipo que dijo: voy a un viaje cuando en realidad no hubo ninguno)”, explica Heresi.
El perdón puede llevar años, de uno a dos con terapia, y hasta tres y siete por cuenta propia. “Hay un duelo, una pérdida de seguridad y un quiebre absoluto de la confianza. La recuperación de esa confianza implica subidas y bajadas. La rabia y el resentimiento vuelven”, sostiene la sicóloga.
Es común que en esta primera etapa la víctima quiera detalles. “Para limpiarse, el engañado pregunta todo. Tiene que pasar primero por convencerse de lo desgraciado, mal nacido y gusano que es el otro”, dice Venegas. A veces hay revanchas, porque priman la rabia y la pena. Esto, de acuerdo con los especialistas, puede tornar lo ocurrido en algo más tolerable o en un infierno peor.
Venegas les aconseja a sus pacientes la ‘transparencia total’. Es decir, contarle al ‘ofendido’ todo tal cual ocurrió y darle al otro acceso al celular, a las claves del e-mail, a la cartola. O sea, la ‘llave absoluta’. A muchos no les gusta. “No estoy dispuesto”, dicen“. ‘¿Y no te gustó el leseo?’, les digo yo. Ser pareja te da derecho a estas cosas. Si quieres individualidad y espacio y que nadie se meta, entonces no estés en pareja. Es parte de. Es como un preso que sale con ciertas restricciones. Tiene que ir a firmar o estar controlado, hasta dar pruebas de mejoría”.
Además de que el ‘hechor’ presenta resistencia, la víctima vuelve a las dudas. Por ejemplo, lo nota distante y frío, y lo cuestiona. Y el otro se siente controlado. Entonces, el sicólogo le vuelve a recordar a su paciente que no es una blanca paloma, sino que mintió y engañó. ¿Cómo se hace para sobrevivir a todo esto? Suena simple, pero no lo es: es un trabajo de a dos y de a uno. E involucra mucha voluntad. “Como proceso es cambiar la perspectiva de la relación. En el fondo, una relación se construye todo el rato. El amor no es algo seguro, no está garantizado”, señala Heresi.
Por un lado, debe haber un arrepentimiento real y no acomodaticio del infiel. “Tú eres lo más importante para mí. Fallé. Te herí”. Si no, se arrastra el conflicto a veces a lo largo de toda la vida conyugal.
Pero como las relaciones son de a dos, no sólo hay que culpar al otro, sino que el ofendido o la ofendida también debe preguntarse en qué falló. Y reconocer cosas como: “Sí, te dejé solo. No te perdono que me traicionaras pero te comprendo. Veo que sufres y te das cuenta de que me dañaste”.
En suma, tanto se requiere de coraje para reconocer que se ha fallado, como de humildad para perdonar. “Ver que existe un vínculo tan fuerte que el otro no quiere perderte, o sea, un compromiso afectivo que se puede recuperar. Pero requiere aceptación de la falla, y entender que nadie es perfecto: ni uno ni el otro”, enfatiza Heresi.
Es muy difícil salir de una infidelidad. “Hay parejas que se quieren mucho y superan la crisis; pero uno perdona nomás. No hay olvido”, asegura la especialista. “A veces hay negación. Uno ve a una pareja y dice: estamos regio, pero a la primera aflora el tema”, concluye con tono un tanto desalentador.
Más entusiasta es la mirada de una columna publicada recientemente en el diario británico The Guardian, bajo el título El Perdón es el Secreto de las Relaciones Felices”. Entre otras cosas, sostiene que “una de las pocas certezas en la vida, además de la muerte, es que, inevitablemente, en las relaciones próximas, un día alguien a quien usted quiere mucho le herirá. Y seguramente donde más le duele”. “¿Qué hacer, entonces?”, se pregunta la siquiatra autora de la crónica. “¿Vengarse?”. “No; en estos días, todo se trata de perdonar”.
De acuerdo con sus líneas, las parejas que se perdonan son más felices que las que no, y las parejas más felices, en cualquier caso, son más proclives a perdonarse que aquellas que se han hecho la vida miserable por años.
No se trataría del único beneficio. Los expertos sostienen que el perdón es el resultado de un proceso con uno mismo y con la relación, que surge de una crisis muy fuerte, pero que a la vez es la oportunidad para mejorar una relación insatisfactoria. “Brinda paz y cercanía, pero toma tiempo”. Por ello es más realista decirle a alguien: “trataré de perdonarte”… “A quienes fueron víctimas de una infidelidad, pero intentan superarla, yo les digo: ‘La venganza les da un segundo de felicidad. Volver a amar a su pareja les da una felicidad eterna’ ”, dice el sicólogo Venegas. Si después de pensarlo bien, usted cree que vale la pena, por qué no probar.
FUENTE
http://mujer.latercera.com/2010/04/25/01/contenido/23_979_9.shtml
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