Sunday 25 march 2012 7 25 /03 /Mar /2012 23:14

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Una Crítica a los Productores de Eventos Cristianos Parte 1

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Por: Junior Zapata

He estado involucrado en organización de eventos cristianos desde antes de nacer! Permíteme explicar lo absurdo de mi declaración: Soy hijo de un líder cristiano que organizaba eventos antes que los eventos cristianos fueran eventos cobrados y una moda popular de la fe cristiana. 

Mi padre “producía” eventos para bendición de un país antes que la frase “productor de eventos” existiera. Desde campañas con Billy Graham o Luís Palau hasta esfuerzos masivos de evangelismo personal y conciertos de música cristiana...

 


No se me olvida la noche en que después de un concierto de música “escandalosa” en un gimnasio nacional de deportes, mis ojos de niño vieron cómo miles de jóvenes pasaban al frente a entregar su vida a Jesús. 

Ahí, esos músicos peludos que habían tocado música “mundana”, bajaban del escenario para orar por los jóvenes (¡uy!, bajaban del escenario para tocar a la gente, ¡hoy ya no se ve eso!). Mi padre estaba organizando ese evento. El grupo se llamaba Los Latinos y era conducido por Carlos Velásquez, hoy padre de Jaci Velásquez. 

Esa noche, esos músicos peludos cenaron en mi casa. No era inusual para mí. Constantemente mi casa era visitada por predicadores y músicos cristianos a raíz del involucramiento de mi papá en ese círculo. 

Escribo esto desde la plataforma de un productor de eventos porque lo he hecho por más de 30 años. Lo escribo también desde el escenario de un conferencista invitado donde he sido bendecido por amigos maravillosos, productores y organizadores de eventos que han agregado valor a mi vida. Y donde al mismo tiempo he conocido a los que no quería conocer porque aún me deben el pasaje de avión que me dijeron hace 15 años que me iban a pagar. 

Los organizadores y productores de “eventos cristianos” han bendecido a millones a través de los años. Lo siguen haciendo. Creo que cualquier tipo de evento cristiano cumple un propósito muy especial dentro de todo lo que Dios hace en Su Reino. 

Especialmente en los últimos 15 a 20 años, es de alabar a Dios por eventos que le brindan entretenimiento sano a jóvenes, enseñanza profunda a adultos y a través de los años han ayudado a ensanchar el Reino, a formar la fe, la convicción y la opinión del pueblo cristiano en nuestra amada Latinoamérica. 

No es malo organizar un evento masivo a donde lleguen miles de cristianos a escuchar música o escuchar a un predicador; al contrario, creo que es necesario. 

Sin embargo, aunque la industria de eventos para el mercado cristiano es parte de una ecuación complicada cuyo resultado muchas veces es benigno, creo que a veces usa procedimientos equivocados para lograrlo. 

Creo que debemos contestar a la pregunta “¿por qué organizamos este evento?” y ensañarnos con ser honestos para contestarla. 

El Dinero 

Muchos organizan eventos cristianos con el único objetivo de hacer dinero y por razones que no logro entender esconden este objetivo detrás de un discurso que se vuelve engañoso y digno de las cloacas del mercado de eventos no cristianos. 

Todos tienen derecho a generar las ganancias económicas que quieran; a lo que no tienen derecho es a mentirle al mercado cristiano. La Biblia nos habla de una buena remuneración para el que trabaja duro e invierte bastante; eso incluye el organizar un evento para el mercado cristiano. 

Si vas a organizar un evento para el mercado cristiano y tu objetivo es hacer dinero, por favor, ¡se honesto! A los artistas y/o conferencistas que invites diles la verdad; no salgas con el falso discurso de: “todo lo que queremos es que la gente sea bendecida”, cuando eso no es TODO lo que quieres. Si eso es todo lo que quieres, entonces haz el evento gratis. 

Las excusas en que ahora mismo estás pensando son: “bueno, es que toma dinero realizar el evento”; o “la gente no aprecia el evento si es gratis”. La primera excusa es verdad, toma mucho dinero producir un evento de calidad; sin embargo si tu propósito es que la gente sea bendecida, debes conseguir la inversión de otra fuente para que a las personas que asistan no les cueste dinero la gran bendición que tu quieres que reciban. ¿Cuánto cuesta la bendición de Dios? 

La segunda excusa es totalmente falsa. ¿Aprecias tu salvación? ¡¡Para ti fue gratis!! Las personas van a apreciar mucho más un evento gratis que uno donde tienen que pagar por oír algo que gratuitamente debería bendecir sus vidas. 

Es desconcertante el hecho que hay organizadores y productores de eventos para el mercado cristiano que constantemente engañan a la audiencia publicitado una noche de bendición a cambio de un pago. No hay problema con el pago, es un mercado libre -- ya lo expliqué -- el problema que encuentro es pretender que la razón principal del evento es para bendecir a las personas cuando la razón principal es hacer plata; eso es deshonesto. 

Luego está el hecho que constantemente hay organizador

es que tratan también de engañar a los artistas o conferencistas invitados dándoles un discurso falso de pietismo y austeridad cuando lo que realmente están haciendo es viendo cuánto se ahorran para ganar más. Eso entra en la categoría de mentira, que en Romanos 1 los pone en lista con otros que recibirán su merecido. 

Nuevamente, si tu propósito es hacer dinero, no hay problema; pero se honesto y ponlo claro al momento de contratar los servicios de los artistas que son los que últimamente te producen el dinero. No te engañes; la gente no va porque tú organizas el evento, ni les importa quién lo organiza. La gente va porque quiere oír al artista, nada más. Está claro, como productor de eventos se que estás dispuesto a pagar lo que el artista o conferencista pida; siempre y cuando el mercado lo pague. 

Pareciera que nadie se sienta a preguntarse si DEBEN cobrar o pagar esa cantidad; sólo se sientan a preguntarse si PUEDEN pagarla. La ética y moral bíblica nos dice que no es asunto de lo que podemos hacer, si no asunto de lo que debemos hacer. 

Ahora, todos estamos acostados en la misma cama; todos somos culpables: Primero, el productor de eventos por sencillamente pagarle al artista lo que el mercado esté dispuesto a pagar y por cobrarle al mercado lo más posible sin pensar en los hermanos en Cristo que no lo pueden pagar. 

Segundo, el artista o conferencista cristiano; éste, porque generalmente mide su cobro de acuerdo a lo que la gente lo quiere ir a escuchar. Sencillamente utiliza una ley del mercado libre y no sé si ésta ley se encuentra en la Biblia. 

Y tercero, también está el mercado en sí. Estamos dispuestos a pagar por lo que nos gusta y al final del día, nosotros, la audiencia, ponemos el precio de los eventos porque somos los que abarrotamos los espectáculos. Con la voracidad que tenemos por eventos y por nuestra insaciable hambre de ver celebridades, nos aseguramos que la “bendición” tenga un costo financiero que al final, el mayor porcentaje del pueblo de Dios latinoamericano no puede pagar y sólo se queda oyendo la música afuera del estadio. 

No sé, con el riesgo de ser tildado socialista, izquierdista y liberacionista, mi parecer es que la pregunta no es “¿Cuánto es lo más que podemos cobrar?”, sino “¿Cuánto es lo menos que podemos cobrar?” Sin embargo, si el hacer eventos es exclusivamente para nuestro negocio, debemos buscar cobrar lo más posible; sólo cuestiono si los eventos cristianos deben ser vistos con ese objetivo. 

Pregunto: ¿Cuándo fue la última vez que se ofreció un espectáculo gratuito con toda la pompa y elegancia de un evento cobrado, sencillamente para bendecir a las personas que normalmente no podrían pagarlo? 

Sólo Para Nosotros 

El propósito por el que organizamos eventos es de suma importancia. Es obvio para los que andamos en la “farándula cristiana” que hay muchos que organizan “eventos cristianos” pero que nunca leen la Biblia. 

La admonición para los que organizamos “eventos cristianos” está muy clara: “No hagan nada por rivalidad o por orgullo, sino con humildad, y que cada uno considere a los demás como mejores que él mismo.” Filipenses 2:3. ¡Uff! 

Es increíble cómo aún a estas alturas de la historia de la Iglesia, hallan personas que la razón por la que organizan un evento es “para no quedarse atrás”. Luchan por conseguir a tal o cual artista o conferencista para ser “los primeros que lo trajeron”. 

¿Podemos leer Filipenses 2:3 y organizar un “evento cristiano” como lo hemos estado haciendo? 

Son varios los organizadores de eventos que al momento de “negociar” con un artista o conferencista le exigen que si firman para su evento no pueden aceptar ninguna otra invitación a la misma ciudad los meses anteriores. ¿Qué dice Filipenses 2:3 acerca de eso? 

Yo entiendo la situación, he estado en ella; toma mucha inversión el organizar un concierto de la magnitud que hoy se requiere, y que un artista llegue a una ciudad unas semanas antes a ofrecer otro concierto mina el mercado, puede afectar la venta de boletos para el siguiente concierto. Sin embargo, regreso a la pregunta inicial; ¿estamos interesados en bendecir a nuestra ciudad, o sólo a nuestra Iglesia u organización? 

Es triste que existan iglesias que predican bendición para una ciudad pero no permiten que la ciudad sea bendecida los meses anteriores a los que ellos organizan su evento porque están preocupados que si el artista llegó antes, la gente ya no comprará la entrada a su evento. 

Peor más aún, no quieren que nadie más se “lleve” la gloria de haber traído a X o Y arista. ¡Qué tristeza! Mentalidad mercantilista con un discurso de piedad, raya en hipocresía. 

El malo aquí no es el organizador de eventos. El malo aquí es el organizador malo de eventos.

 

Una Crítica a los Productores de Eventos Cristianos Parte 2
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El malo aquí no es el organizador de eventos. El malo aquí es el organizador malo de eventos. 

Por Junior Zapata: Lee la Primera Parte de este Artículo Aquí...

¿A Dios se la Gloria?

 

Nuestras instituciones cristianas, especialmente las grandes que aglomeran a muchas personas y por ende manejan un capital financiero poderoso, tienen el potencial de hacer cosas que realmente bendigan la ciudad. Sin embargo, cuando la meta se convierte en la gloria de la institución en sí, la institución se corrompe y los “líderes” o los organizadores de los eventos podemos perder de vista el objetivo de Jesús...


Es tan fácil perder el rumbo de bendecir a las personas. Es tan fácil cambiar el objetivo de “bendecir” a “cobrar para bendecir”. Es tan fácil embriagarnos del “honor” y el “privilegio” de haber sido los anfitriones en nuestro elegante escenario de tal o cual conferencista o artista. El espejismo es poderoso y nos está llevando, creo yo, a hacer cosas buenas con las motivaciones equivocadas. 

Hacer dinero no es pecado. Cobrar no es pecado. Invertir y administrar bien los recursos no es pecado; al contrario, es un mandato bíblico. Lo que es pecado es decir que hacemos algo por una razón cuando las motivaciones de nuestro corazón son otras. 

Así como buscar ganancia financiera sin declararlo claramente no es algo honesto, tampoco es honroso dejar deudas por pérdidas económicas de un evento mal organizado. 

Es deplorable que eventos que se anuncian con fanfarrea terminan con malas deudas y se deja a proveedores sin pagarle lo acordado. Así como las ganancias deshonestas en un evento cristiano traen deshonra al nombre de Jesús, dejar deudas por un evento que produjo pérdida, tampoco trae honra a Su nombre. Lo digo con autoridad porque he estado en los dos lados del espectro. 

Los Verdaderos Invitados 

Me impresionan los muchos eventos en donde las mismas personas que pagan por un boleto a un “evento cristiano” son tratados como non-gratos. 

Sea por la mala organización, o por el sentido torcido de tener todo bajo control usando de excusa que “Dios es un Dios de orden”, es triste ver a la gente que pagó, haciendo largas filas innecesariamente, luego al entrar obligados a sentarse en ciertos lugares únicamente prestándoles un mal servicio. 

En lugar de tratarlos a todos como nuestros invitados de honor, los tratamos como nuestros sirvientes, dando nuestra mejor atención a los artistas y conferencistas -- quienes por cierto merecen buena atención también. 

Me alegra que en el cielo no habrá lugares VIP o asientos reservados. El mismo significado del acróstico VIP es una bofetada a todo por lo cuál Jesús luchó por enseñarnos en el Sermón del Monte. 

¡Hey! Organizadores y productores de eventos: Sí han oído del Sermón del Monte, ¿no? ¿Podemos realmente leer Mateo 5, 6 y 7 y utilizar el grandiosísimo asqueroso concepto de VIP dentro de un evento que pretende exaltar a Jesús? 

En la economía social atrofiada del mundo caído en el que vivimos, es obvio que hay personas más importantes que otras. Pero la misma iglesia que critica y sataniza todo cuánto el “mundo” hace, abraza muchas veces los mismo conceptos podridos de ese mismo mundo como ventaja económica “santificándolos” para poder utilizarlos; ¡“Boletos VIP” es uno de esos! 

Pregunto: ¿Dónde se sentaría Jesús? ¿En los “VIP” o con “el resto” de los que no pagaron la cuota de los mejores lugares? 

No podemos escondernos de nuestras debilidades como organizadores de “eventos cristianos”. Hay que vernos al espejo y ser brutalmente honestos en que si lo que vemos agrada a Jesús. 

El vender “Boletos VIP”, muchas veces ayuda a subvencionar otros boletos para lugares que tal vez no están cerca del escenario. Estos boletos entonces se pueden colocar en rango de precios que sean más accesibles para personas que no tienen las posibilidades de adquirirlos a un costo “Premium”. 

Mi cuestionamiento no es económico sino moral; Jesús vino a igualar todas las cosas; ¿los lugares en los conciertos también? 

Como iglesia somos tan conservadores y radicales al exigir que la gente viva como Jesús dijo. Si somos así, ¿no deberíamos ser coherentes y serlo en todo sentido y no sólo en las áreas donde nos conviene? 

Claro, también comprendo plenamente que dentro del “mercado” cristiano hay personas que están dispuestas a pagar más por “mejores asientos”, pero la pregunta no es si se puede hacer, la pregunta es si honra a Dios hacerlo. 

¿Por qué están reservadas las primeras filas? ¿Ahí se sienta Jesús? ¿Ahí se sentaría? 

Para una industria cuya música habla del amor y sus predicaciones de la gracia, me parece que valdría la pena auto evaluar si el discurso es consistente con las prácticas de venta y arreglos de ubicación en los espectáculos que se hacen con el fin de honrar a Jesús. 

Los Benditos Contratos 

Me alegra saber que muchos artistas y conferencistas ya no llegan a un lugar sólo por una invitación que llegó por correo electrónico. ¡Ahora, como meros profesionales, ya firmamos contratos! 

Me causa risa el saber que algunos cristianos y organizadores de eventos critican esta práctica. La verdad, no tiene nada de malo el pedir que se firme un documento que explique claramente las obligaciones de ambas partes. 

Sí, sí… ya sé que le Biblia dice que nuestros sí deben ser sí y nuestros no, no. Que nuestra palabra debe ser nuestro pacto. Sí, la Biblia dice eso y también dice muchas otras cosas como “no codiciarás a la mujer de tu prójimo…” y creo que podemos decir que muchos tampoco obedecen a ese mandato que resulta ser uno de los 10 mandamientos. 

Historias de productores y promotores sanguijuelas hay para llenar tomos de libros. Historias de hombres y mujeres de Dios exitosos como profesionales al organizar un evento de excelencia también los hay; ¡pero es de las lagartijas que quiero hablar! 

“Hermano, cuando venga le damos lo de su pasaje”, dicen por teléfono. El ingenuo o sobrepasado de bueno, el artista o conferencista compra su boleto y llega al país que lo invita. Cuando llega, lo ponen en un hotel de mala muerte -- por ahorrarse lo más posible -- o en casa de anfitriones decadentes -- hermanos con buenas intenciones pero con malas costumbres -- y le dicen: “al final le damos su ofrenda hermano”. 

Al final de las actividades, el cuento es el mismo: “Hermano, qué bendición, gracias por venir. Dénos un número de cuenta para depositarle en Dólares (¡ahora en Euros!)”. El bonachón del artista o conferencista se regresa a su casa y años después aún no recibe la “ofrenda” del ladrón que lo invitó y que sigue “sirviendo” en la iglesia. 

Si te piden que firmes un contrato, no te ofendas; es resultado del mal comportamiento de algunos en la industria en que has escogido estar. 

Los organizadores de eventos debemos de cumplir con nuestra palabra y exceder las expectativas si fuera posible. Creo que el discurso de Jesús para nosotros no es: “Cómo puedo gastar menos en ese que invité”, sino: “Cómo puedo bendecir más a este que Dios me envió”. 

Anfitriones 

La Biblia habla harto acerca de ser anfitriones que bendigan la vida de personas. Desde el Testamento Más Viejo (jejejeje, el Antiguo Testamento) donde se habla de recibir bien al extranjero, hasta el Testamento Menos Viejo (jijijijiji, el Nuevo Testamento) donde se nos habla tanto de la hospitalidad. 

No te metas a organizar eventos a nombre de Cristo si no estás dispuesto a seguir las reglas de Cristo para ser anfitrión. Trata bien a tus invitados, dales más de lo que les ofreciste; espiritual, emocional, habitacional y económicamente. 

Es intrigante que existen organizadores de eventos que piensan que cuando llega un artista o predicador a su ciudad, su evento es lo único para que lo que existen. 

Arrogantemente no se ponen a pensar que muchos de estos viajan de avión en avión y de hotel en hotel; después de un rato, ya es viejo el drama y cansado el camino. Estos organizadores pretenden que sus invitados no tienen necesidades personales, que no extrañan a sus familias. 

Entiendo que si los conferencistas y artistas deciden ese campo de trabajo, pues deben saber a lo que se meten. Sin embargo el dedo acá lo apunto hacia los organizadores, que por favor, entiendan que las personas que invitan están lejos de casa y un trato más allá de cordial y profesional sería bendición a sus vidas. 

Con el afán de “atender” bien a los artistas, muchos organizadores caen en el terrible error de tratar de una forma al líder de la banda y de otra forma al resto de los músicos. Eso se entiende como que lo único que le interesa al organizador es ganarse resbalosamente el favor y agrado del famoso, del primer violín. Qué ignorancia; si no hubiera segundo violín no podría haber un primer violín. 

Es curioso ver cómo le imponen manos y oran por el líder. Raras veces se ve a alguien orando por el sonidista, por el asistente, por los músicos. Otra vez, luciendo actitudes dignas del mundo donde reina Satán. 

Se ha sabido de historias donde ridículamente los “anfitriones” ponen en una clase de hotel al líder (para quedar bien) y en otra clase de hotel al resto del grupo que lo acompaña. Uff, ¿y aún se llaman cristianos? 

Honestidad 

Desde los tiempos de Jesús, parece que el ver cómo evadimos impuestos es una búsqueda intensa de muchos que se llaman cristianos. ¿Señor -- preguntamos -- tenemos que pagar impuestos? Bajo la excusa de “usar buena mayordomía”, muchos organizadores de eventos buscan la forma de evadir las leyes del fisco para poder lograr mejores ingresos. 

No soy ingenuo… tal vez ignorante, pero no ingenuo; sé que las leyes en muchos países son tan ambiguas y tan represivas que si se siguieran al pié de la letra ningún negocio podría subsistir. Aún así, hay algunas “reglas” claras y obvias. 

Es triste que los fiscalizadores (los cuales odiamos) ya saben que hay cristianos organizadores de eventos que estamos en una constante búsqueda de cómo evadir los impuestos claramente detallados por la ley en cuánto a espectáculos se refiere. 

Entonces, ingeniosamente, ya no cobramos “entrada”. Y como que el insulto de “Boletos VIP” no fuera suficiente, deshonramos el concepto de “Ofrenda” utilizando la palabra para describir la cantidad que estamos cobrando por boleto, lo cual sabemos perfectamente no es una ofrenda; es un cobro. 

La deshonestidad de esto es obvia. ¡No es una ofrenda! Pregunto: ¿Dejaríamos entrar a nuestro magno evento a alguien que no pague su boleto de entrada? ¡No! Entonces, ¿por qué le llamamos ofrenda? 

Una ofrenda es VOLUNTARIA, por lo tanto, si la publicidad dice “Ofrenda: $ xxx.xx”, podríamos argumentar que cualquiera podría entrar al maravilloso y bendecido evento aunque no pagara porque es “sólo una ofrenda”. 

Algunos, no sé si por honestidad, han optado por utilizar la palabra “inversión”. Me parece menos engañoso. Aún otros utilizan el término “contribución”, el cuál sufre el mismo destino que “ofrenda” porque sería voluntario. 

No quiero ser ultra detallista con esto, sin embargo creo que es válido mi argumento que utilizar la palabra “Ofrenda” para cobrar el boleto y evadir inteligentemente los impuestos es un acto deshonesto. 

Para Terminar 

Regreso al principio:
¿Por qué lo hacemos? 
¿Buscamos la gloria de Dios o la nuestra? 
¿Buscamos bendecir a nuestra ciudad o sólo a nuestra iglesia? 
¿Queremos gloriarnos de la Cruz o del artista que invitamos? 
¿Qué dice el Sermón del Monte acerca de cómo y por qué organizamos nuestros eventos cristianos?

 

fuente:

http://www.evolucioncristiana.com/main/articulos-principales/una-critica-a-los-productores-de-eventos-cristianos-parte-1

Por Contralobos - Publicado en: JUGLARES DE LA ALABANZA
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