¿A qué juegan los niños judíos?

Publicado en 25 Abril 2010

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En la fotografía:


Maqueta para montar el Segundo Templo judío destruído hace 2000 años.
Puzzle de lo que queda del Templo, el Muro de las Lamentaciones.
Juego de Memoria sobre las reglas que hay que mantener en "Sabbat".


JERUSALÉN (dpa) - Abraham tiene 4 años y juega con su hermano Moshe,  de 6, a levantar cartas a golpe seco desde el suelo y a ponerlas  boca arriba. Cuando uno lo consigue, se la queda. Y cuando sale repetida, empieza una subasta a voces para cambiarla.


La colección de Abraham y Moisés (su nombre en español) es algo particular. En sus estampas no hay superhéroes, ni futbolistas, ni tienen colores extravagantes. Bajo su sombrero negro y ataviados con camisa blanca, en ellas aparece una colección de ancianas caras que para ellos parecen ser muy familiares: Lachman, Carlebach, Breslav... y una larga retahíla de rabinos líderes de todas las ramas del judaísmo.


Al igual que sus cromos, puzzles, maquetas, juegos de memoria, bingos, loterías, trivials, naipes y peluches han sido adaptados al Judaísmo y son comercializados hoy en las jugueterías más selectas de los barrios conservadores de Jerusalén.


En la librería "Moriah", situada frente al Muro de las Lamentaciones, salta más de una sorpresa a la vista de los ojos occidentales que recorren los estantes de libros, juguetes y artículos judaicos. La primera conclusión que se extrae es sin duda que la fiebre de los viedeojuegos o del ordenador no ha calado -y quizás no lo haga nunca- en la hermética comunidad ortodoxa judía, orgullosamente al margen del progreso tecnológico.


Arrinconados al final de la librería, dos pequeños con la tradicional kipá que deja entrever su cabeza rapada, rizos colgando de sus sienes y los tzitzit -32 hilos que recuerdan su cumplimientos del mandato divino- en su cintura, juegan campantes a lanzarse escorpiones,  langostas, ranas y arañas de peluche.


De repente uno de ellos se pone un antifaz y el otro empuña un amorfo artilugio rojo. El primero representa la oscuridad, el segundo la sangre, y ambos suman junto a las langostas y demás peluches las diez plagas enviadas a Egipto tras someter al pueblo de Israel a la esclavitud.


"Es divertidísimo. ¡A mis hijos les encanta!", dice Raquel, madre de los niños. Pero, ¿de verdad entienden los pequeños el significado de a lo que juegan? "Por supuesto!", responde la madre aclarando que un juego especial para Pascua, cuando los judíos celebran las penalidades de sus cuarenta años de travesía por el desierto tras huir de la esclavitud.


En el estante de juguetes y juegos de mesa destacan sofisticadas maquetas para reconstruir el Segundo Templo, destruído hace 2.000 años y todavía llorado por el pueblo judío. Tan añorado es que las firmas de juguetes más atrevidas comercializan ya la maqueta del que sería el tercer templo, el que deberían construir tras la llegada del Mesías.


Y es entonces cuando uno se pregunta si no será esta inocente maqueta más incendiaria que cualquier videojuego de lucha libre, si se tiene en cuenta que el que lo compra sabe que su construcción, tal y como se reivindica hoy, debe tener lugar donde hoy reposa la mezquita de Al-Aksa, también a dos pasos de la librería.


Pero no hay tiempo para la reflexión. "Ser un genio ahorrando", otro de los juegos que asoma entre los estantes, invade con otra de las grandes imágenes de la sociedad judía más tradicional. La necesaria modestia de la comunidad ultra-ortodoxa, que conformaba el ocho por ciento de la sociedad israelí en 2007, y su elevado índice de pobreza obligan a recortar el gasto y a administrar el dinero "con cabeza", como dice el eslogan de la caja. Porque "el dinero no cae de los árboles", prosigue.


El arte de aprender jugando es quizás uno de los valores vivos más  admirables de este sector de la sociedad israelí y judía en general. "Los padres de las familias más conservadoras jamás darían a sus hijos juguetes con los que no aprenderían nada, es más, les inclinan desde pequeños al inicio de estudios bíblicos y de las tradiciones judías", dice Dan, mientras busca entre las novedades literarias.


Efectivamente, el resto de los juegos -desde los 0 a los 14 años- están diseñados para preparar la memoria y las buenas costumbres de los más pequeños de la casa.


Y es que si uno quiere cumplir a raja tabla los 613 mandatos divinos, saberse de memoria todas las bendiciones de las diferentes fiestas,  respetar una lista interminable de tradiciones y símbolos y saber comportarse en la cocina y en la mesa, cabe empezar desde pequeño.


No hay tiempo que perder y de ahí que las diferentes versiones del trivial y de la "lotto" varíen desde el aprendizaje de las normas de la cocina kosher, las bendiciones, las costumbres del "Shabbat",  "Hannukah", la Pascua y otras fiestas, hasta el aprendizaje del "alfabeto rabínico".  Un arsenal de conocimiento y de valores disfrazado de juguetes.

 

FUENTE

http://www.elpais.cr/articulos.php?id=22711

Escrito por CONTRALOBOS

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